Guiando a los Niños a Través de Una Nueva Era de Oscuridad y Esperanza

Alex de Borba

Alex de Borba

Después de nuestra incursión hace once años, debemos confesar que este tiempo ha sido relevante, si consideramos lo mucho que hemos logrado en menos de una década. Independientemente, una mayor expansión territorial está definitivamente a nuestro alcance, y empezando hoy, gradualmente iremos convirtiendo nuestras páginas de inglés a español, ya que se ha convertido ahora uno de nuestros principales focos de atención, dándole así la bienvenida a una nueva era para nosotros y un desafío monumental para quienes nos calumniaron sin razón alguna.

Ha llegado el momento en que consideramos necesario tomar una estrategia algo más sostenible que “divide y vencerás”, apalancando el statu quo en el por ahora nos vemos atados, desatando en consecuencia lo que otros han temido durante tantos años; nuestra hambre competitiva de liderazgo en su idioma nativo.

La editorial de hoy es un comunicado oficial creado por nuestra organización, para arrojar luz sobre el escenario colombiano en diferentes frentes, tanto su funcionamiento teórico como su implementación en la práctica. Si bien nuestra iniciativa evalúa la escena nacional al proporcionar información detallada sobre su enfoque de hace mucho tiempo en la industria, también comparte críticas constructivas considerables sobre cómo mejorarla.

Para ser honestos, siempre enfrentamos la adversidad sin ser hostiles, ya que nos proporciona la destreza para utilizar diversos medios de transformación con herramientas tangibles que los medios nacionales a lo largo de los años no lograron implementar; para poner un poco en contexto, hemos creado una fórmula propia y única y nos hemos reinventado a lo largo de los años, pero manteniendo perfectamente nuestras raíces iniciales, nuestra querida conexión con el heavy metal, que hasta hoy perdura y seguirá, aunque interconectada con nuestros otros gustos excéntricos.

En última instancia, después de presenciar una escena que cómodamente permaneció sin cambios y estancada en el tiempo, llega nuestro momento de adoptar un nuevo enfoque que puede parecer hostil, pero con la esperanza de ver cambios y mejorar continuamente nuestra posición mientras lideramos, en vez de seguir a aquellos que han establecido un hábito que desaprobamos y que lamentable, sigue siendo predominante después de una década.

Los medios de comunicación de Colombia se han superado a sí mismos y de alguna manera sentaron las bases de un campo de batalla muy contradictorio para nuestra organización, muchas veces rodeada de exclusión más que de inclusión, es decir, si no estás con ellos, estás contra ellos, es lo que hemos percibido de cerca durante todos estos años, favoreciendo a  aquellos de los que pueden beneficiarse, en vez de aceptar la diferencia y brindar oportunidades a los recién llegados, aquellos que pueden levantar la industria a estándares profesionales más altos.

Honestamente y muy a menudo, el círculo de eventos se repite en un limbo infinito de adicción hasta el punto de total agotamiento.

Dicho esto, llegamos a un punto hace un par de años en el que nos sentimos obligados a contratar personal de fuera del país y no a personas de este país que nos acogió, principalmente porque apreciamos la necesidad de imparcialidad, donde nuevamente, los medios colombianos no logran sostener de ninguna manera debido a su insistencia en pactar asociaciones que no benefician en absolutamente nada a quienes luchan valientemente por sobresalir sin pertenecer a un “círculo interno” específico que dicta la libertad de muchos y el abandono de muchos otros.

Nunca hemos posicionado nuestra empresa como una organización hostil; tal vez hemos sido más incomprendidos al abordar el escenario nacional con veracidad, con el objetivo de mejorarlo y traer algo de profesionalismo, sin embargo, siempre fuimos rápidamente ignorados y más bien, siendo objeto de polémica y calumnia como parte de una cultura que aún tiene mucho que reconocer a la hora de aceptar la inclusión de organizaciones extranjeras en su país.

Hablando con franqueza, de nuestra parte mucha de la escena nacional podría eventualmente beneficiarse, no se trata de imponer con un vil sentido de sumisa obediencia y actuar como si fuéramos intrusos tratando de perforar un círculo interno que, durante décadas, logró triunfar exitosamente debido a su “inclusión nacional” y alienación retrodicha de fuentes extranjeras. Irónicamente, consideremos cómo los medios en Colombia se acercan a su audiencia. Podemos darnos cuenta rápidamente de que mucho se copia descaradamente del mercado norteamericano, ya sea que lo admitan abiertamente o no. Los medios nacionales operan principalmente de la misma manera, incluso si se ejecutan de manera deficiente; sin embargo, la exclusión permanece.

Lusitana en su esencia, nuestra organización luchó durante años interminables para cambiar la mentalidad colombiana actual hasta el cansancio, me atrevo a decir, inútil ya que es de suma importancia mantener las cosas como están, predominantemente siguiendo un formato fijado en una lápida, en vez de reconstruir lentamente desde cero con nuevos cimientos y, por lo tanto, acercarse a una industria más amplia y coercitiva sin dejar de ser amigable y cooperativa con su entorno.

Durante nuestra exploración de campo de los estándares colombianos, muchas veces hemos debatido si nuestra organización tenía un lugar entre aquellos que nos ven como marginados, el “enemigo dentro de sus filas”, sin embargo, nunca consideramos agachar la cabeza y colgarnos sobre el “cuervo” para un sirviente menor.

Los medios colombianos (especialmente los autodenominados “directores”) se alaban a sí mismos como líderes de todo el personal cuando en realidad tal declaración y posicionamiento fallan si comparamos lo dicho, el “personal” son simplemente talentos nacionales mal pagados, con exceso de trabajo y subestimados que voluntariamente optan por servir a aquellos que en nada los beneficiarían a cambio de obtener un “nombre en la escena” y ser reconocibles por sus talentos naturales, ya sea en escritura, cine, fotografía o enfoques organizacionales mientras coordinan el “personal” durante la cobertura en vivo sobre eventos públicos.

Uno no puede pretender tener un “staff” cuando dicho equipo es una reunión de viejos amigos que ofrecen su tiempo para colaborar con un medio nacional y que a menudo son vistos como “empleados” y tratados como tales cuando están mal pagados (si es que se les paga).

Por otro lado, se puede pretender tener un personal cuando estos son debidamente recompensados por su esfuerzo, ya sea retribuyéndolos económicamente con un salario justo, teniéndolos bajo contrato, o incluso brindándoles inclusión en un equipo que está constituido por un grupo internacional de personas con diferentes etnias, orientaciones sexuales, y así sucesivamente, todos ellos trabajando juntos para lograr un único objetivo, pero meta esencial: El desarrollo personal y profesional.

Creo firmemente que en Colombia hay una mentalidad que dicta que no hay que cambiar viejos estándares que solo benefician el statu quo de un solo individuo, en una sociedad que está programada para adorar sus “logros”, independientemente de quien sea, un solo individuo recibe la valoración de una escena que rápidamente ignora los esfuerzos de muchos detrás de escena. Después de todo, aun así repudiamos enérgicamente tales acciones, es una posición cómoda para el colombiano. El “estatus” se logra fácilmente, pero puede aumentar rápidamente si se produce el debido reconocimiento y, lo que es más importante, la verdad sobre el “personal” detrás de dichos medios saldría a la luz. Sin embargo, esta es la cruda verdad en Colombia, sin cambios durante tanto tiempo, miserablemente cómodo con el status quo actual, y no se atreve a contradecir o incluso sugerir cambios; de lo contrario, uno puede encontrarse marginado por decir lo que piensa en voz alta y enviado a la hoguera de la inquisición sin piedad.

Los cambios son en efecto inaceptables en un escenario que se contenta con muy poco. Mientras la rotación y la previsibilidad permanezcan, todos llorarán de alegría.

Se puede decir que la mayoría de los de “la escena” prefieren permanecer “con los ojos vendados” y acatar la “explotación laboral” siempre y cuando sigan siendo amigos, se proporcionen las credenciales adecuadas para “cubrir” un evento particular de su agrado, incluso si luego publican un artículo que es una mera colección compilada de “ensayos” terriblemente arreglados y copiados de otros medios en unas pocas paráfrasis para mostrar que “el trabajo se hizo” y que las credenciales fueron una “inversión” justificable. Nos compadecemos de los promotores que otorgan credenciales a “reporteros” que en nada traen la emoción, que no reflejan la experiencia vívida de asistir a un evento a sus lectores en una narrativa cohesionada que los involucra al punto de sentir que estaban allí o con ganas de asistir al próximo evento en el que el promotor esté involucrado.

Lamentablemente, uno representa a un medio y se cuestiona el que todos los demás son plenamente conscientes de su “importancia” como forma de saciar su “vanidad”. Después de todo, es una forma “confiable” de sobresalir entre muchos. Por el contrario, otros luchan por proporcionar resultados que se destaquen para los “medios que representan” mientras luchan por cumplir con los plazos de facturación mensuales. He aquí un desequilibrio obvio en la forma en que operan los medios de comunicación en Colombia que me atrevo a decir que es bastante extraño, y me temo que no en el buen sentido.

Por ejemplo, hemos trabajado junto a otros fotógrafos de otros medios mientras cubríamos eventos en común en muchas circunstancias, y preguntábamos cuánto les pagaban por el mismo trabajo que hacíamos nosotros. La diferencia era tan abismal que, preferíamos quedarnos en silencio, en vez de humillar a nuestros colegas. Solo agreguemos que la historia se repitió durante los años siguientes. Hemos hablado, interactuado e incluso compartido nuestras ideas con colegas que afirmaron ser “explotados” debido a la falta de “mejores oportunidades”.

Desafortunadamente, lo mismo ocurrió con los escritores, que mientras corrían entre escenarios en Rock Al Parque con sus compañeros, lucharon contra la adversidad mientras hacían todo lo posible para escribir informes precisos, pero sacando de su bolsillo para comprar alimentos y bebidas durante todo el día, muchas veces trabajando severamente bajo condiciones climáticas adversas, y aun así, apenas les pagan su transporte al evento, o regresan a casa, para luego sentarse durante un par de horas luchando contra el cansancio para entregar los resultados finales del trabajo a un “Director” que por otro lado, puede estar en casa en su séptimo sueño en el momento en que su “trabajador” está luchando por mantenerse despierto.

La desigualdad, el desequilibrio y lo más importante, la injusticia se instala en un país donde no importan las luchas que uno pueda tener. Incluso si se paga mal, los resultados deben entregarse a toda costa. A falta de un término mejor, y ofrezco disculpas de antemano, “esclavitud” viene a la mente al evaluar toda la situación en cuestión.

Por otro lado, el sexismo sigue siendo un problema, ya que se mantiene el predominio masculino (o el narcisismo, mejor dicho). Las mujeres a menudo son minimizadas por su condición de mujer, sin tener un sentido de inclusión, igualdad u oportunidades en una “escena” que primitivamente todavía ve a las mujeres como un objeto de sus fantasías, más allá de dar el debido (o atrasado, mejor) reconocimiento como tal. De hecho, ellas son capaces de trabajar tan duro como los hombres y, a menudo, desafiantes, ya que el machismo las obliga a compensar en exceso sus esfuerzos, para demostrar que son dignas, aunque no debería ser así, si hubiera ese sentido de unión y respeto mutuo que piden a gritos en “la escena”. Tales afirmaciones, nuevamente, se quedan cortas si sopesamos la teoría con las prácticas estandarizadas.

Lamento haberme desviado del objetivo de esta editorial. Por favor acepten mis más sinceras disculpas. Para mí es natural decir las cosas con integridad y frivolidad. Es ineludible abordar un tema así, ya que muchas veces he sido “discriminado” por no ser latinoamericano, sino un europeo que está “generando polémica” en el “escenario mediático local”. Con orgullo, me atrevo a decir, como alguien que ha dirigido esta organización durante más de una década, que he sido testigo de muchas actitudes a las que me opongo por su falta de respeto e imparcialidad y siempre me opondré. Después de todo, el conformismo es la forma más pura de sumisión.

La verdad sea dicha, nuestra organización llegó a una encrucijada o, mejor dicho, a una situación pragmática con esta editorial. O nos sometemos y aceptamos lo dado y nos estancamos en el tiempo sin previsible expansión en Colombia, o nos elevamos y nos quedamos con la “corona” (tengan en cuenta que vemos a AE desde su creación como una “Reina”) y ofrecer un rayo de luz y esperanza a un escenario esclavizante declarándonos abiertamente hostiles en un “escenario” que nada ha contribuido a nuestro status quo, y “decapitar a las bestias” de una vez por todas.

La hostilidad abierta es algo controvertido, pero ciertamente una necesidad, ya que nuestro propósito aquí no es “ir en contra” de los medios de Colombia ni de su forma de operar, sino más bien imponer cambios, ya sea que los aprueben o no, compartiendo abiertamente nuestro deseo de dar la bienvenida a quienes hacen parte de equipos de otros medios para que se unan a nosotros y dejen atrás a aquellos que, de una forma u otra, nunca les muestran el respeto que merecen.

Como todo en la vida, o en nuestro caso particular, los zombies, existe un proceso natural de evolución o involución. Depende del ojo del espectador. Gravemente, no para nuestra organización sino para nuestros oponentes, establecemos nuestros estándares más altos, pero buscamos continuamente evolucionar mientras mantenemos la esencia de quiénes somos y a quién servimos en todo el mundo y no nos limitamos a lo básico.

Como declaración final, abrimos nuestros brazos para dar la bienvenida a todos aquellos que buscan seguirnos a través de una nueva era de oscuridad y esperanza, comenzando por llenar nuestros corazones con su voluntad, completando el proceso de solicitud que ponemos a su disposición, en español, lo que significa que, de ahora en adelante, ya no requerimos que los nuevos solicitantes nacionales sepan inglés como segundo idioma.

Con este nuevo enfoque, queremos eliminar la barrera que, lamentablemente, durante muchos años nos impidió recibir talentos nacionales, independientemente de sus habilidades, y ser abiertamente receptivos al cambio.

Nuestra transición multilingüe ha comenzado, y lentamente notarán que nuestro sitio web cambia de inglés a español según el idioma de su navegador. Sin embargo, queda una ardua tarea ya que humanamente se hacen todos los esfuerzos para culminarla en los próximos meses.

Mientras tanto, les damos la bienvenida a una nueva era de oscuridad y esperanza en nombre todos los miembros de nuestro equipo.

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