La ficción, folklore vampírico y la amenaza fanática

Vampire
© Chad Brewer / CC-BY-SA-3.0
La sed pública por los vampiros parece tan insaciable como la sed que ellos tienen por la sangre, aunque en encuentros antiguos, los vampiros eran concebidos como un fenómeno sobrenatural en vez de seres humanos.

Los vampiros son uno de los monstruos más prevalentes en casi todas las áreas de la ficción. Ya sea folklore, literatura, videojuegos, novelas gráficas, películas, y televisión, los vampiros o similares han estado consistentemente presentes y su popularidad sólo parece aumentar cada año. Inclusive en 2017, series como ‘Preacher’, ‘The Vampire Diaries’ y ‘The Strain’, que dependen mucho en el mito vampírico, se mantienen vigorosamente. Además, al menos un comic, un juego de video y una película se lanzan cada año y se enfocan vampiros o tienen a los vampiros como enemigos. Esto no es coincidencia o algún tipo de conspiración, de hecho, el mito de los vampiros ha fascinado a los humanos, probablemente desde el comienzo y, como los zombies, el folklore ha sido alimentado por la falta de entendimiento del fenómeno científico por parte de la humanidad en la antigüedad.

Aunque no necesariamente sean los vampiros que todo conocemos y amamos (o temamos), en las culturas antiguas como la mesopotámica, hebrea, los antiguos griegos y los romanos tenían cuentos de criaturas y espíritus demoníacos con muchas características similares a la de los vampiros. Sin embargo, el vampiro moderno se originó de manera casi exclusiva en el siglo dieciocho en el sureste de Europa. Los Vampiros en aquellos días eran resucitaciones de seres maléficos, víctimas de suicidios, o brujas, pero que podían ser creados debido a la posesión de un cadáver o al ser mordido por un vampiro.

Eran usualmente muertos vivientes, como los zombies, pero también podían ser vivientes. La histeria por los vampiros era tan prominente que varias personas decidían realizar rituales dementes para prevenir que sus seres queridos recientemente muertos se convirtieran en vampiros. Estos rituales incluían enterrar el cadáver boca abajo, poniendo objetos terrenales como una hoz cerca de la tumba para satisfacer cualquier demonio cercan o el propio cadáver, cortando los tendones de las rodillas o colocando semillas de amapola, mijo o arena al fondo de la tumba porqué se creía que los vampiros estaban ocupados toda la noche al contar todas las semillas. Además, había varios rituales para identificar vampiros que eran igual de extrañas que aquellas preventivas. Estos incluyen guiar a un virgen por el cementerio o terrenos de iglesias en un caballo virgen. El caballo se ubicaría en la tumba en cuestión si esta contiene un vampiro. Los cadáveres identificados como vampiros eran descritos de verse más sanos de lo que se esperaba, enteros con poco o ningún signo de descomposición.

Algunas veces los cadáveres eran descritos de tener sangre fresca de una “víctima” esparcidos en toda la cara. La histeria sobre los vampiros se volvió tan fuerte que ejecuciones en masa ocurrían a personas que se sospechaba ser vampiros y no es extraño encontrar muchas tumbas con cadáveres decapitados o con pedazos de metal o estacas de madera en ellos cuando la histeria estaba en auge.

Sin embargo, como muchas criaturas, los vampiros se originaron de confusión científica. Muchos de los síntomas del vampirismo en cadáveres son realmente síntomas de la descomposición humana. La descomposición es un proceso natural, pero también es uno extraño, especialmente para aquellos que no entienden bien la ciencia detrás de ello (como en la era pre-industrial). La idea del vampirismo era, probablemente, la mejor explicación para estas personas. Por ejemplo, cuerpos eran identificados como vampiros por su falta de descomposición o estaban inflados. La tasa de descomposición varía dependiendo de la temperatura y la composición del suelo, lo que puede causar una descomposición lenta en las condiciones apropiadas.

También, los cadáveres se hinchan debido a los gases creados durante la descomposición, explicando así el por qué un cuerpo podría verse “bien alimentado”. Esta hinchazón causa que la sangre salga por la nariz y la boca, lo cual hacía a las personas creer que el “vampiro” se habían alimentado. La hinchazón también puede causar que el cuerpo ruga y tenga flatulencias después de la muerte debido a la acumulación de gases, el cual muchos pensaron que era un signo de vida. Finalmente, la piel y las encías se contraen haciendo que el cabello, las uñas y los dientes parecieran crecer. Es probable que todos los vampiros eran simplemente cadáveres en putrefacción que la gente creían eran seres malignos.

De todos modos, es posible que una enfermedad jugara un rol importante en los mitos vampíricos. Las personas que no entendían muy bien cómo funcionan las enfermedades podían creer que un grupo de muertes podría asociarse a un ataque de vampiros, en vez de un brote de una enfermedad en un grupo cerrado de gente. De hecho, los brotes de tuberculosis aparecían en lugares que historiadores describen como sitios de ataque de vampiros. En 1985. David Dolphin sugirió que el desorden sanguíneo de porfirismo también pudo contribuir al mito debido a que esta condición hace a los que la sufren muy susceptibles a la luz solar y era tratada con hemoglobina intravenosa. Él pensó que el consumo en grandes cantidades de sangre en la era pre-industrial podría reemplazar a la hemoglobina y así aliviar sus síntomas. Esta teoría es interesante, pero ha sido refutada por la ciencia moderna ya que el consumo de sangre no podría aliviar los síntomas de porfirismo. Aun así, hay otra teoría que pone a la rabia como otro contribuidor a la leyenda vampírica.

La susceptibilidad al ajo y a la luz pueden ser relacionados a hipersensibilidades, un síntoma normal de la rabia. La rabia puede afectar secciones del cerebro que pueden afectar los patrones del sueño y causar hiper-sexualidad. En adición, una antigua manera de detectar la rabia era hacer que una persona se mirara en un espejo y si ellos podían, se determinaba que no tenía rabia, lo cual puede ser una alusión a la leyenda que los vampiros no tenían reflejo. Lobos y murciélagos, quienes son comunes al mito vampírico, pueden ser portadores de la rabia. También, esta enfermedad puede causar agresividad y aquellos que la padecían usualmente podían morder a otros y tener sangre emanando de sus bocas.

Sorprendentemente, los vampiros son reales. Bueno, casi reales, pero no en la manera que se espera. Los murciélagos vampiros son criaturas reales. Estos pequeños murciélagos consumen sangre como su principalmente fuente de alimento. Hay tres especies de murciélagos vampiros en total y todos viven en Latinoamérica. Irónicamente, por ello no tienen relación con la mitología vampírica. Estos vampiros son muy interesantes ya que estos utilizan radiación infrarroja para localizar el mejor lugar en los cuerpos de las víctimas para beber su sangre; además de ser uno de los pocos murciélagos que no solo vuela, sino que puede correr, saltar y caminar, y su saliva contiene anticoagulantes que han sido estudiados para salvar a las víctimas de ataques cardiovasculares.

Ya sea que amen, odien o teman a los vampiros, estos están aquí para quedarse. Su mitología puede existir debido a malos entendidos científicos, pero ahora ellos existen como un fenómeno cultural. No tendrán mucho impacto en el mundo científico, pero inspiran a las personas a crear nuevas historias y evolucionar más la leyenda, y no puedo esperar para ver esta evolución.

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