La Criptofobia Neurótica En El Género Zombie Como Cine

La Criptofobia Neurótica En El Género Zombie Como Cine
© Créditos: Fox Broadcasting Company / Licencia: CC BY-SA 3.0
El zombie en los diversos discursos interpretativos ha funcionado como un comodín dentro de la baraja cinematográfica.
Sus diversos avatares, tan dispares incluso en su contexto o en su propia caracterología, facilitan esta polisemia interpretativa. Bien se podría decir que, desde la primogénita White zombie, aunque sobre todo a partir de George A. Romero, el zombie en el cine nunca es lo que parece ser. Son tantos los cineastas que se han acercado al personaje con intenciones metafóricas o de crítica social que parece ser que el zombie es ya intrínsecamente un símbolo de algo más: el zombie oculta un segundo mensaje que hay que decodificar.

Esta postura simbólica ha derivado en varias interpretaciones. Así, por ejemplo, como menciona el crítico Fernando Zamora, “los zombis suelen siempre representar lo que una sociedad teme como ‘lo otro’”. El zombie como otredad, desde la postura filosófica, tiene variadas y muy ricas vertientes de estudio. También está el enfoque crítico del zombie como metáfora social. Los ejemplos más claros nos los ofrecen los filmes de Romero: desde el ambiguo asesinato del protagonista negro en Night of the living dead, hasta las absurdas caminatas de los zombies por los pasillos de un gran centro comercial en Dawn of the dead.

Está incluso la desgastada metáfora del zombie como la representación de la eterna relación del hombre con la muerte. Las películas que ejemplifican esto abundan, y este discurso, aunque ha ofrecido algunas perspectivas originales, generalmente cae en lo obvio.

El presente trabajo interpretativo pertenece a un modelo psicodinámico — principalmente, psicoanálisis y psicología analítica — que parte siempre de la interacción histórica del espectador con el filme en la apreciación cinematográfica. Por lo tanto, los filmes en sí perderán importancia en este análisis para centrar la atención en los procesos psíquicos que estos generan.

Debido al amplio carácter histórico de este trabajo, la delimitación del corpus es en gran medida conflictiva. Pero en función de una mayor precisión en las observaciones, elegí como jerárquicamente más importantes para el análisis las películas sobre el personaje del zombie en inglés, dejando en un segundo plano auxiliar a algunas geografías tan significativas como la italiana o la hispanoamericana y omitiendo completamente, a pesar de su creciente producción, a otras como la asiática. Dentro del corpus, hago una selección de las películas más valiosas y representativas para mis observaciones, aun sabiendo que excluí así otra considerable cantidad de material.

Los diversos géneros cinematográficos han abordado un amplio espectro de pasiones humanas. Pareciera imposible, incluso, separar algunos sentimientos de sus expresiones en la pantalla grande, como si por cada imagen de un beso romántico viéramos fundirse la palabra FIN. Frente a tantas películas que han hecho reír, llorar o suspirar a generaciones enteras, el cine de terror queda algo relegado y subestimado como un arte fácil.

Son muchas las películas que alcanzan a lograr un simple susto en el espectador, es lo que se piensa, y estaremos de acuerdo, pero solo un puñado son las que infunden un miedo tal que emana desde los oscuros rincones del alma. Respecto de esto se podrá decir inclusive que, como pocas artes, el cine ha sido uno de los medios más efectivos para inspirar profundos temores.

El procedimiento es tan complejo — quizá más — que el de cualquier otro género. Como un maestro dominador de la psique humana, el cineasta de terror presupone una histeria de angustia en el espectador, la cual se define como un tipo de neurosis en donde “la angustia se halla fijada de forma más o menos estable a un determinado objeto exterior”, y su trabajo es encontrar aquello que despierta su miedo, que catalice su neurosis, aquello que el psicoanálisis denomina “objeto fóbico”.

No obstante, hay que tener en cuenta que en la histeria de angustia “el desplazamiento sobre un objeto fóbico es secundario a la aparición de una angustia libre, no ligada a un objeto”. Por lo tanto, entre el objeto fóbico y la angustia no hay una relación de causa-efecto, como la habría en una neurosis fóbica, donde se descubriría en el proceso terapéutico que la causa de una fobia hacia los perros, por decir algo, es el recuerdo de un ataque traumático precedente por parte de una figura canina, sino una relación de contigüidad. Debido al mecanismo neurótico de desplazamiento posible por contigüidad (una metonimia del inconsciente), la elección de un objeto fóbico oculta a la idea originaria causante de la angustia, pasándola psíquicamente del plano manifiesto al latente. Designaré, a partir de ahora, como criptofobia — en su sentido etimológico: kryptos, “ocultar” — a este proceso en el síntoma fóbico de la histeria de angustia donde opera un ocultamiento de la causa de la angustia por medio del desplazamiento hacia un objeto fóbico.

Muchos han sido los fenómenos criptofóbicos en el cine de terror, algunos tan clásicos y viejos como el cine mismo, a saber: las historias de vampiros, las transformaciones del hombre-lobo, la resurrección del monstruo de Frankenstein, las abducciones extraterrestres y, claro, las hordas de muertos vivientes. Los zombies en sus diversas manifestaciones en el séptimo arte, con sus altas y bajas en taquilla, con sus transformaciones en el devenir histórico, han servido como procesos de ocultamiento para tantas angustias sociales. Si se analiza sus procesos criptofóbicos, el género zombie devela los más diversos procesos psíquicos tanto colectivos como históricos.

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